Planificación y preinstalación de sistemas de rescate

Rigging for rescue
© Héctor del Campo

Planificar un rescate en trabajos verticales es, además de una obligación legal, un requisito ineludible antes de pensar siquiera en colgarse. Dicha planificación puede abordarse desde distintas perspectivas: identificar los riesgos específicos de la tarea a ejecutar, elegir la correcta disposición y longitud de las cuerdas, gestionar correctamente los recursos materiales, optimizar la organización del equipo humano, instalar sistemas desembragables, dominar la técnica… El objetivo de todo ello es claro: cero accidentes.


Tener que realizar un autorrescate en trabajos verticales es una posibilidad que debe anticiparse y planificarse correctamente en todas las situaciones. Aunque en apariencia remota, esta probabilidad es real y debe ser seriamente considerada. Un simple desvanecimiento —por ejemplo debido a un golpe de calor— puede derivar en una situación de emergencia que debemos poder afrontar sin titubeos. Y es que el gran enemigo del trabajador es la posición inerte en suspensión: según numerosos estudios, permanecer más de 10 minutos en esa situación puede desembocar en lo que se conoce como shock ortostático, trauma por suspensión o síndrome del arnés, una situación que, de no ser revertida rápidamente, puede acarrear graves consecuencias para la víctima, incluida la muerte.

Una obligación legal

Antes de nada, quiero remarcar que la necesidad de planificar una situación de emergencia –ya sea en altura o no- es una obligación legal: leyes, reales decretos, notas técnicas de prevención y normas UNE van todas en la misma dirección: la prevención de riesgos en trabajos en altura pasa necesariamente por la planificación de las situaciones de emergencia.

Sin ir más lejos, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales o Ley 31/95, en su artículo 20 establece que “el empresario deberá analizar las posibles situaciones de emergencia y adoptar las medidas necesarias en materia de primeros auxilios, lucha contra incendios y evacuación de los trabajadores (…) El citado personal deberá poseer la formación necesaria, ser suficiente en número y disponer del material adecuado, en función de las circunstancias antes señaladas.”

En cuanto al RD 2177/2004, el principal referente legislativo en trabajos verticales, no deja lugar a dudas: El trabajo deberá planificarse y supervisarse correctamente, de manera que, en caso de emergencia, se pueda socorrer inmediatamente al trabajador.

Trabajos verticales limpieza cristales

Si queréis profundizar en el tema podéis leer este artículo.

Un autorrescate comienza en el mismo instante en que colocamos el primer mosquetón de una cabecera: la disposición de las cuerdas, su longitud, la previsión de las condiciones meteorológicas, la preparación del material y el conocimiento de sus límites, el dominio de la técnica, la formación y organización del equipo humano, el uso eficiente de los recursos, en definitiva, el método de trabajo, serán determinantes a la hora de minimizar las consecuencias de una situación de emergencia que precise un rescate. Es lo que se conoce en inglés como “rigging for rescue”.

Preparar un kit de rescate

Disponer de un kit de rescate es la manera más simple de responder a una situación de rescate. Tener preparadas un par de cuerdas por si las cosas se tuercen y hay que instalar un nuevo sistema para acceder hasta un compañero en dificultades debería ser la base de toda planificación.

Este kit puede ser más o menos completo en función de las necesidades: cuerdas, anclajes transportables (cintas o eslingas), incluso poleas o descensores.

No obstante, en la mayoría de los casos y con una buena planificación debería bastar con un par de cuerdas (o una cuerda que llegue en doble hasta la zona por la que queramos evacuar a la persona en dificultades).

Es importante tener claro que estas cuerdas son intocables, es decir, no pueden ser utilizadas para un uso distinto del previsto inicialmente —el rescate—si por ejemplo nos quedamos cortos de cuerda durante la instalación de los sistemas de trabajo.

Por desgracia, este sistema sólo es efectivo en instalaciones básicas —esto es, dos cuerdas verticales sin obstáculos significativos entre los anclajes y el suelo—. En instalaciones más complejas  —sistemas diagonales, grandes fraccionamientos, sistemas horizontales, etc— o en situaciones en las que la evacuación por descenso no es posible será necesario tirar de sistemas desembragables y similares, (ver más abajo).

Disposición de las cabeceras

Contar con un kit de rescate está muy bien y, como hemos dicho, debería constituir uno de los puntos básicos de cualquier planificación, pero en muchas situaciones otros métodos pueden resultar más eficientes. El primero de ellos es el acceso al rescatado desde unas cuerdas contiguas (las del compañero) o, en casos extremos, las propias cuerdas de la víctima.

No olvidemos que en un rescate solemos disponer de muy poco tiempo y, a veces, instalar el kit puede resultar más lento —y no más seguro— que aprovechar los sistemas ya instalados. Si estoy colgado en fachada con un compañero, ¿para qué voy a perder tiempo instalando el kit de rescate si puedo acceder a él desde mis propias cuerdas?

Por supuesto, para que esto sea seguro y eficiente es imprescindible planificarlo previamente. Pongamos el ejemplo de un equipo de dos personas pintando una fachada en la que ambos están colgados.

En primer lugar, y aunque parezca obvio, ambos deben estar colgados en la misma fachada. Si yo no veo a mi compañero es muy probable que ni siquiera me entere de que está en dificultades.

Una vez colgados en la misma fachada, debemos disponer las cuerdas de manera que podamos acceder el uno al otro en cualquier punto de las mismas. Si mi compañero está a 10 metros de mí difícilmente podré acceder a él. Un par de metros sería lo ideal.

Si la separación es superior la maniobra de rescate será más complicada cuanto más arriba nos encontremos, lo que nos obligará a descender por nuestras cuerdas, cambiarnos a las cuerdas de la víctima y ascender por ellas para realizar el rescate. Esta opción debería constituir siempre el último recurso.

Otro punto a tener en cuenta es la longitud de las cuerdas. Éstas, como norma general  —hay excepciones— deben siempre llegar al suelo. De nuevo, esto parece obvio, pero muchas veces no se hace.

Si por ejemplo tenemos que sellar un cristal en la planta 15 de un edificio de 15 plantas, es muy probable que, una vez terminado el trabajo, salgamos por arriba en lugar de descender las 15 plantas, así que, ¿para qué cargar con cuerdas de 80 metros si con dos de 10 nos basta?

Error. En caso de emergencia no podremos bajar directamente al suelo, nos tocará subir hasta la cubierta, instalar el kit de rescate y volver a descolgarnos para hacer el rescate. Poco práctico. Por supuesto, la opción de sacar al compañero por arriba sin ayuda externa no es, en este caso, una alternativa viable…

Organización de equipos

Otra forma de planificación es la organización de los equipos. Algunos trabajos de envergadura requieren la presencia de muchos técnicos colgados simultáneamente realizando distintos trabajos en distintos puntos de la estructura/edificio.

Aquí la clave está en distribuir correctamente a los técnicos en función

  1. de la dificultad de la maniobra de rescate prevista para esa tarea.
  2. del número de técnicos trabajando en esa tarea.
Trabajos verticales
Gestión de equipo humano en el Palau de les Arts
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Si por ejemplo formamos equipos de 2 personas, habrá que asegurarse de que el técnico de menor nivel será capaz de sacar a su compañero de igual o mayor nivel (por ejemplo un nivel 1 y un nivel 3 de ANETVA). El rescate previsto para esa tarea tendrá que adaptarse obligatoriamente al nivel del técnico menos cualificado. ¡O viceversa!

Dicho esto, siempre que estén presentes más técnicos de mayor nivel en un tajo, la posibilidad de que un nivel 1 tenga que efectuar un rescate debería ser siempre la última opción a considerar.

Descansos

El cansancio aumenta considerablemente la probabilidad de cometer un error o de sufrir un accidente. Por ello, es de suma importancia tenerlo en cuenta a la hora de planificar la jornada.

Hacer descansos periódicamente no sólo reduce la probabilidad de sufrir un accidente, sino que además puede incidir positivamente en el rendimiento. A veces compensa más hacer dos tiradas de 2 horas en suspensión en lugar de una sola de 4 horas. En el cómputo global se empleará más tiempo con la segunda opción, pero el tiempo efectivo de suspensión redundará en una mayor seguridad y eficiencia del trabajo. Planificar en previsión de un rescate también es esto.

Meteorología

El RD 2177 es tajante en este punto: Los trabajos temporales en altura sólo podrán efectuarse cuando las condiciones meteorológicas no pongan en peligro la salud y la seguridad de los trabajadores.

Este punto es especialmente importante: tanto las temperaturas extremas, como la lluvia y especialmente el viento pueden poner en peligro la vida del trabajador expuesto y es imprescindible tenerlos en cuenta en la planificación de los trabajos.

www.ropeaccess.com
© www.ropeaccess.com

¿Se puede trabajar con viento? ¿Y con lluvia? Ahí van algunas recomendaciones:

  • No dudes en detener los trabajos si sopla mucho viento. Recuerda que en última instancia tú eres el máximo responsable de tu seguridad. La velocidad del viento es relativa: 30km/h puede ser aceptable en tiradas cortas (un edificio de 3 plantas por ejemplo pero inasumible en una chimenea de 200 m en una central térmica.
  • Si llueve no te cuelgues o espera a que amaine. ¡Los descensores se llevan muy mal con las cuerdas mojadas! Tener que realizar un rescate sobre cuerdas mojadas tiene también su miga…
  • En verano, en la medida de lo posible planifica tu jornada para colgarte siempre a la sombra o evitando los trabajos más duros en las horas centrales del día. El calor es uno de los principales riesgos que amenazan tu seguridad. Un simple mareo es fácilmente reversible en el suelo pero puede desembocar en una situación que requiere una evacuación inmediata de la víctima si está suspendida de una cuerda. Recuerda los riesgos derivados del síndrome del arnés.
Trabajos verticales
Sistema desembragable básico

Uso de sistemas desembragables

Como comentaba al inicio del artículo, existen situaciones en las que la sola presencia de un kit de rescate o la aplicación de las medidas descritas anteriormente no son suficientes para garantizar nuestra seguridad cuando estamos colgados. Por ello, es interesante considerar la opción de instalar sistemas desembragables

Un sistema desembragable es un sistema que permite liberar la tensión de una cuerda en la que esté suspendida una persona de manera que pueda ser evacuada sin necesidad de descolgar a un rescatador.

El más básico consiste en fijar las cuerdas de trabajo y anticaídas a los anclajes de cabecera mediante un descensor en lugar de hacerlo mediante un nudo.

Este sistema permite, en caso de emergencia, evacuar a la víctima inmediatamente sin necesidad de descolgar a un rescatador. Puede ser una excelente opción pero, de nuevo, habrá que valorar en cada caso si el estado de la víctima (¿está consciente o inconsciente?) lo permite.

Existe cierta controversia sobre el uso de los descensores para trabajos verticales en esta configuración, aunque lo cierto es que la mayoría de los fabricantes o bien la permiten  —Petzl sin ir más lejos, plantea esta opción en algunos de sus famosos dibujos— o bien no la prohíben expresamente.

Eso sí, los descensores utilizados de este modo tienen que cumplir con una norma EN 341 sobre dispositivos de rescate.

En sistemas más complejos el uso de estas técnicas se vuelve imprescindible. En una tirolina, por ejemplo, poder “desembragar” la propia tirolina (cuerdas portantes) como el sistema de elevación/descenso es una condición imperativa.

 

Planificación de rescate

En el ámbito industrial se suelen dar situaciones en las que es necesario montar sistemas desembragables. Por ejemplo, si tenemos que trabajar bajo una estructura de tramex, no podrán acceder a nosotros de manera inmediata (realizando un descenso directo) y sin un sistema desembragable, nos obligaría a descolgarnos, y hacer algún cambio de cuerda o, peor aún, tener que hacer alguna progresión en artificial en horizontal, algo muy lento y costoso.

Con un sistema desembragable, podríamos en cambio liberar tensión de una de las cuerdas a la vez que elevamos al rescatado con la otra mediante un polipasto.

Por supuesto, estos son sólo un par de ejemplos y las aplicaciones de este sistema son tan numerosas como situaciones complejas nos podamos encontrar. La mejor forma de estar preparados es entrenar y practicar “en casa”.

Conclusión

Los trabajos verticales constituyen un sistema de protección individual contra caídas que puede ser tan seguro como cualquier otro siempre y cuando se planifique correctamente.

Debemos tener claro que no basta con diseñar un sistema que nos permita acceder de manera segura y eficiente al lugar donde debamos ejecutar una tarea, sino que ese mismo sistema debe contemplar la posibilidad de evacuar al trabajador de manera segura, rápida, y eficiente, ya sea mediante la planificación de los trabajos, la organización de los recursos, o la preinstalación de sistemas de evacuación.

Para terminar, os dejo un excelente vídeo de nuestros amigos de Access Techniques sobre la importancia de la planificación del rescate.

Planificación de rescate

 

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Soy cofundador y administrador de este blog, al que me dedico como hobby. Supervisor IRATA L3, supervisor, instructor y examinador ANETVA, instructor y examinador EPCRA.

One comment

  1. Hdepaz

    Artículos como este hacen mucho mas fácil y efectiva la actuación de los equipos que tenemos que ir a realizar un rescate, los profesionales de los trabajos en altura estarán y estaremos mas seguros así, un saludo

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