-¿Así que eres alpinista?
-Bueno, escalador, en mis ratos libres.
-¿Y no tienes miedo a las alturas?
-No, miedo, no, digamos que respeto.
-¿Y qué es lo más alto y difícil que has escalado?
-No sé, la vía que más me ha costado ya tendría sus 30 metros (o sus 3 metros, si eres bloquero.)
-…
-…
-Bueno, 30 metros ya es altura…
Cada vez que mantengo una conversación sobre escalada con personas no iniciadas se repite un diálogo parecido; y claro, superado el estupor inicial, mi interlocutor no puede contener cierto rictus de decepción mientras piensa: “30 metros, vaya mierda, y yo que pensaba que era un buen alpinista”.
Así pues, la altura en escalada (o, para ser más preciso, en algunas de sus modalidades) tiene escasa importancia. No ocurre lo mismo, en cambio, cuando hablamos de trabajos verticales: aquí, a medida que se van sumando metros, se van sumando dificultades. En este artículo abordamos la problemática de trabajar en estructuras de más 100, 150 y hasta 200 metros, repasando los principales retos (técnicos, logísticos, de seguridad, meteorológicos, de comunicación…) que plantean y que, si bien pueden ser solventados desde la experiencia con una buena planificación, difícilmente pueden reproducirse o entrenarse en entornos controlados como los centros de formación.
El material
Peso de las cuerdas
Lo primero que notamos en tiradas cercanas a los 200 m son las limitaciones del material, debido principalmente al propio peso de las cuerdas. En sus diámetros más habituales (10,5-11 mm) estas pueden llegar a pesar entre 75 y 80 gramos el metro, o lo que es lo mismo, más de 15 kg. Si a este peso le sumamos la tensión generada por el efecto vela de la cuerda que produce el viento (que puede llegar a ser muy fuerte incluso con vientos de 6-7 m/s), las cuerdas pueden llegar a pesar fácilmente más de 20 kg. Y son 20 kg cada una.
Esto complica, por ejemplo, la introducción de la cuerda en el descensor: tener que tirar del peso de la cuerda y sujetarla mientras abrimos el descensor y -en algunos modelos- sujetamos la leva para dejar espacio suficiente tiene su aquel. Por supuesto existen trucos que facilitan la maniobra (como por ejemplo crear una comba y sujetarla con un bloqueador conectado a nuestro elemento de amarre corto), pero si es tu primera vez o eres un técnico recién salido del horno del centro de formación es normal que cueste al principio.
Material utilizado en una chimenea de 180 m para un equipo de seis técnicos. © Héctor del Campo.
Otra complicación es el paso a 90º en ascenso: esta es una maniobra que se enseña en el nivel 1 de IRATA y que consiste en pasar en ascenso y descenso de un plano horizontal a uno vertical con las cuerdas fijadas a anclajes al nivel del suelo. Si alguna vez te ves en la situación de tener que volver al plano horizontal desde el que te acabas de colgar y no has preparado previamente un nudo en la cuerda de suspensión al que poder conectarte con el elemento de amarre para a continuación sacar la cuerda del descensor o bloqueador ventral (algo muy recomendable si tienes intención de volver a subir, aunque no suele ser lo habitual en tiradas tan largas :)), no te quedará otra que hacer el típico paso de “salida de piscina” arrastrando contigo los consabidos veintipico kilos de cuerda. Fácil no es.
Descensor
Una vez colgados, pueden surgir nuevas complicaciones relacionadas con el material: la principal es el comportamiento de algunos descensores cuando la cuerda inactiva pesa más de lo normal: para poder descender no basta con tirar de la empuñadura con una mano y controlar la cuerda inactiva con la otra, sino que hay que “alimentar” el dispositivo tirando de esta última hacia arriba. Y claro, como el peso de esta cuerda puede rondar los 20 kg, pues acaba siendo un ejercicio realmente agotador.
Este problema se acentúa de manera notable con cuerdas de 11 mm de diámetro: a mí me ha tocado tener que “alimentar” el aparato durante casi 40 metros en estructuras de 170 metros de altura: romper a sudar en una maniobra de descenso no es algo a lo que estemos acostumbrados. Tampoco ayuda la función anti-pánico de algunos descensores: esta salta continuamente complicando aún más la maniobra, algo poco recomendable si, por ejemplo, tuviéramos que acometer un descenso de emergencia.
Por supuesto, no todos los descensores se comportan igual en estas circunstancias. He podido probar cuatro modelos distintos en descensos largos (170 m) con cuerdas de 10,5 y 11 mm y los resultados eran muy dispares: el que más guerra daba de esos cuatro era el Petzl ID’s, especialmente con cuerdas de 11 mm, algo que puede deberse a su gran capacidad de frenado. El Skylotec Sirius funciona de manera similar (el antipánico salta continuamente y obliga a tirar de bíceps. A continuación el Petzl Rig, funciona mucho mejor (leva de menor diámetro, ausencia de antipánico). Finalmente, el Edelrid Megawatt es un caso a parte porque no parece afectarle en lo más mínimo esta contingencia: desciende sin problemas con una leve tracción de la empuñadura con un solo dedo. Es realmente sorprendente y algo que no podemos intuir cuando lo probamos en alturas más razonables.
Introduciendo la cuerda en el Edelrid Megawatt desde la nacelle de un aerogenerador de 170 m. © Héctor del Campo.
Anticaídas deslizante
Respecto al anticaídas, el principal inconveniente en tiradas largas es el efecto vela que se produce en la cuerda de seguridad: el aire arrastra la cuerda y puede generar combas salvajes de más de 10 metros por encima de nosotros. Esto es por supuesto algo que hay que evitar, especialmente cuando nos encontramos en los últimos 15 ó 20 metros de descenso, ya que un fallo de la cuerda de trabajo a esta distancia del suelo puede derivar en una caída descontrolada con riesgo de impacto en elementos estructurales o, si nos encontramos muy abajo, el propio suelo.
Es cierto que la mayoría de anticaídas hoy en día disponen de un mecanismo de bloqueo de cuerda, pero este sólo puede utilizarse en posición de parado, cuanto estamos realizando la tarea. En cuanto iniciamos el descenso, es necesario quitar el bloqueo e inmediatamente vuelve a crearse la peligrosa comba. En estos casos lo recomendable es finalizar el descenso con dos descensores en paralelo, uno en cada cuerda.
El viento

Y aquí entramos en el meollo de la cuestión: el viento es, con toda seguridad, el factor más determinante y que entraña un mayor riesgo cuando hablamos de trabajos en grandes verticales. Si las estructuras sobre las que estamos trabajando no ofrecen la posibilidad de instalar desvíos o fraccionamientos (lo habitual en rascacielos, turbinas eólicas o chimeneas de centrales térmicas), el efecto péndulo puede ser muy significativo: vientos moderados de apenas 7-8 m/s nos pueden llegar a alejar varios metros de la estructura y hacernos girar sobre nosotros mismos, lo que puede resultar en golpes no controlados (por ejemplo de espaldas) contra la estructura y líos de cuerdas que pueden dificultar/imposibilitar un descenso de emergencia.
Si la estructura sobre la que estamos trabajando es de vidrio (edificio) o metálica (por ejemplo el fuste de un aerogenerador) podemos utilizar algún dispositivo tipo ventosa o imán que nos permita posicionarnos. El problema viene cuando tenemos que soltar ese dispositivo para descender.
Existen aquí varias soluciones: si usamos una ventosa, un buen truco consiste en realizar un descenso en alterno: un técnico (llamémosle técnico nº1) desciende unos metros mientras el otro (técnico n.º 2), posicionado con su ventosa, actúa a modo de desviador conectando las cuerdas del compañero al mosquetón del cabo corto. De este modo la amplitud del péndulo del técnico nº1 lo determina la longitud de cuerda entre ambos y no la que le separa de la cabecera. Una vez el técnico nº1 ha descendido unos metros (por ejemplo unos 10), se posiciona a su vez con su ventosa, avisa al de arriba de que está listo y este, conectando su cabo corto a la cuerda de suspensión del técnico nº2, retira su ventosa y baja usando la cuerda de suspensión del compañero de pasamanos. Una vez llega a su altura, se repite la operación hasta alcanzar el suelo. Por supuesto, es imprescindible una buena comunicación para evitar iniciar el descenso antes del que compañero esté listo.
Si contamos con el apoyo de un compañero en el suelo, otra solución consiste en pedirle que tense nuestra cuerda de seguridad alejándola de la estructura: de esta manera evitaremos giros descontrolados (y por tanto líos de cuerdas) y mantendremos una distancia de seguridad respecto a ella. El problema de este método es que el compañero de apoyo en el suelo solo podrá atender a una persona a la vez.
Gestión de las cuerdas
Igualmente importante y relacionado con el punto anterior es la gestión de las cuerdas. En grandes verticales no debemos nunca colgarnos sin antes haberlas fijado abajo. Teniendo en cuenta que muchas empresas planifican los trabajos con equipos de dos personas independientemente de la altura a la que se trabaje (en mi opinión en este tipo de trabajos debería haber siempre una tercera persona en el suelo), es de vital importancia realizar una correcta planificación.
Una simple brisa puede enmarañar nuestras cuerdas e impedir que podamos bajar. En tiradas cortas (por ejemplo 30 metros) esto no tiene mayor importancia ya que podremos desenredarlas fácilmente. En una tirada de 150 m, sin embargo, el peso de la cuerda y el rozamiento son tales que intentar deshacer el enredo puede convertirse rápidamente en un infierno que, en el mejor de los casos, nos dejará exhaustos después de haber batallado un buen rato. Y una situación como esta es justamente lo que debemos evitar a toda costa cuando hacemos la planificación de los trabajos: en caso de tener que realizar un descenso de emergencia (por ejemplo un compañero que se hace un corte serio con la radial), no poder descender al suelo inmediatamente puede tener gravísimas consecuencias.
Más grave aún es que nuestras cuerdas se líen con las del compañero: aquí, simplemente por el propio peso de la cuerda, el rozamiento y la tensión generada por el viento, puede ser del todo imposible deshacer el enredo, dando lugar a una situación de gran riesgo: tener que subir para escapar por arriba, acaso sea esto posible…

Por todo ello, como regla general y no sólo en grandes verticales, las cuerdas deben ser fijadas al suelo (o a una estructura en el suelo), separadas unos metros en sí, y con cierta comba para poder manipularlas y permitir cierta libertad de movimiento. Tener una vía de escape hacia el suelo limpia y sin trabas es igual de importante que montar una cabecera a prueba de bombas
La comunicación
Debido a la distancia, basar el sistema de comunicación en la voz directa no es recomendable y, en cualquier caso, solo posible en ausencia de viento. Tampoco podemos estar seguros de contar siempre con cobertura telefónica (interior de una chimenea, parques eólicos o antenas en ubicaciones remotas u offshore, etc). Por ello será necesario trabajar siempre con walkies. Es muy recomendable que todos los integrantes del equipo lleven su propia radio.
El plan de rescate
Chimenea de 180 metros © Héctor del Campo.
A la hora de diseñar el plan de rescate, además de valorar las particularidades del proyecto (altura de la estructura, obstáculos, vías de escape, nivel técnico y experiencia del equipo, méteo, etc) y la naturaleza de los trabajos a realizar, deberemos tener en cuenta algunas cuestiones directamente ligadas con la altura de la estructura sobre la que estamos trabajando:
Dificultad de las maniobras
Muchas de las maniobras y técnicas que realizamos con poco metraje de cuerda, incluso las más básicas, se complican significativamente. Por ejemplo, ascender con el descensor sin reenviar la cuerda al bloqueador de mano (tirar con una mano hacia arriba de una cuerda que pesa 15 kilos mientras que con la otra sujetas tu peso y el del material que llevas encima puede resultar un ejercicio agotador) o un simple cambio de dirección (de bloqueadores a descensor y viceversa) resulta muchísimo más trabajoso aquí debido de nuevo al peso de las cuerdas, al efecto péndulo, etc., especialmente para trabajadores con poca experiencia o recién formados.
Organización del equipo humano
Teniendo en cuenta el punto anterior, si eres el jefe de equipo y, por ejemplo, te encuentras trabajando con dos técnicos de nivel 1 sin experiencia, puede surgir la duda sobre a quién enviar a las cuerdas; si envías a tus dos compañeros y tú te quedas de apoyo (en el suelo o arriba), ¿estás seguro de que en caso de necesidad sabrán ejecutar el rescate de manera segura? ¿O acaso deberías plantear el escenario para que seas tú quien accede a rescatar a la víctima? Y si te cuelgas tú con uno de ellos, ¿será capaz tu compañero de rescatarte a ti si te sucediese algo?

Por supuesto, no existe una única respuesta a estas cuestiones sino que esta variará en función de la preparación del equipo (hay técnicos de nivel 1 con un excelente nivel técnico), de la altura a la que se trabaje (¿a 10 metros del suelo o 100?), etc.
Acceso a la víctima
Igualmente, debemos definir claramente el método de acceso al compañero. Esto dependerá principalmente del número de técnicos que estén en suspensión simultáneamente. Si bien yo recomendaría siempre la presencia de un mínimo de dos personas suspendidas en las cuerdas simultáneamente para cualquier trabajo, algunos técnicos de nivel 3 plantean, para tareas rápidas y sencillas, la opción de enviar a un único trabajador a las cuerdas cuando cuentan con sistemas motorizados tipo Skylotec Act Safe o Ronin ya que permiten el acceso desde abajo. Esto evita tener que montar más cuerdas, ahorrando así posibles quebraderos de cabeza por enredos (un problema recurrente en grandes tiradas) y mucho esfuerzo a final de la jornada cuando toca recoger cuerda (ver más abajo). En cualquier caso, dejando al margen la cuestión de si es o no conveniente fiar el éxito de un rescate a un dispositivo eléctrico, se debe valorar el tiempo de acceso a la víctima: varios minutos cuando en el caso de trabajar junto a un compañero sería inmediato.
Si decidimos acceder desde arriba con dispositivos convencionales, es imperativo contar con una cuerda adicional de acceso, ya que el descenso por las mismas cuerdas puede resultar inviable si, por ejemplo, la víctima se encuentra suspendida de dos descensores, algo habitual en grandes tiradas para eliminar el riesgo que supone el efecto vela en la cuerda de seguridad. Lo ideal sería tener esta cuerda preinstalada y fijada al suelo como las demás, aunque si decidimos desplegarla sólo en caso necesario, nos veremos obligados a colgarnos con ella ensacada (utilizando una de las cuerdas de la víctima como cuerda de seguridad) por el elevado riesgo de que se enrede con las cuerdas de la víctima imposibilitando así el descenso.
Recogida de cuerdas
Y no podíamos terminar este artículo sin hablar del lado más ingrato de los trabajos en grandes verticales: ¡la recogida de cuerdas! Subir a pulso una cuerda de 200 metros desde la coronación de la chimenea de una central térmica, desde la nacelle de un aerogenerador, o desde la cubierta de un rascacielos es un ejercicio poco gratificante. A 400 metros de cuerda por persona, el final del día se puede hacer muy largo si cuentas con un equipo numeroso.
El principal problema de tener que subir cuerdas tan largas es que, debido al peso, no suele ser viable subirlas de dos en dos, algo que sí suele hacerse en tiradas convencionales (cuando se suele usar una misma cuerda en doble). Al subirlas de una en una, por poco viento que haga, incluso con una ligera brisa, es muy probable que la cuerda que estás subiendo haga una trenza perfecta con las otras cuerdas, generando un roce en ocasiones tan bestial que resulta prácticamente imposible subirla, o, en el mejor de los casos, con muchísimo esfuerzo.
Por suerte existen soluciones a este problema, como puede ser el uso de un equipo motorizado como los descritos más arriba, o de un cabestrante con taladro acoplado. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que debido a su elevada fuerza de tracción, estos aparatos presentan el riesgo de dañar la estructura o la propia cuerda si esta se engancha accidentalmente en algún elemento de la estructura.
Otra solución interesante consiste simplemente en bajarlas. Para ello se suele usar una cuerda auxiliar de diámetro más fino (por ejemplo 6-8mm), mucho más ligera y fácil de subir. La ventaja es que con ella se pueden bajar dos cuerdas a la vez mientras los compañeros en el suelo pueden ir ensacándolas al mismo tiempo, ahorrando tiempo y esfuerzo.
Una nota final
Trabajar en grandes verticales plantea siempre un reto interesante que requiere una minuciosa planificación de todas las etapas del proyecto. Suele ser una actividad muy exigente físicamente y extremadamente sensible a las condiciones meteorológicas (viento, frío, niebla). Si en tu próximo proyecto te toca trabajar a 150 metros del suelo, prepárate a conciencia y, sobre todo, ¡disfruta de las vistas!








10 respuestas a «Grandes verticales: trabajar a 200 m del suelo»
Hola Arturo,
Me alegro de que te guste el blog, muchas gracias!
En el blog hemos probado algunos descensores, puedes utilizar la etiqueta «descensor» en el buscador y te saldrán las entradas correspondientes. Particularmente me gustan bastante el Skylotec Sirius y su versión sin antipánico, el SPARK. El Megawatt de Edelrid también funciona muy bien, si bien necesita un tiempo de adaptación (el eje de su palanca está invertido respecto a la mayoría de descensores).
Un saludo y gracias por participar.
Hola Héctor y comunidad. Primero, gracias por todos los artículos, que siempre son de gran ayuda tanto para aprender cosas nuevas, como para refrescar. Me podéis recomendar un descensor en particular a parte del Rig o ID. Si no es el sitio adecuado para la pregunta mis disculpas. Saludos
Muchas gracias por participar, Franco, un saludo.
Así es, Yannick, muchas gracias por comentar. Un abrazo!
Muchas gracias Fede, un abrazo!
Me alegro de que te guste el artículo, Armando, muchas gracias por comentar. Un saludo.
Excelente explicación de todos los factores que influyen en tareas de estas características. Gracias no solo por tu aporte técnico, sino por la experiencia compartida.
Muy buena y sobre todo, muy clara la info!! Excelente.
Un artículo de mucha altura… Si, señor!
Se tiende a pensar que lo mismo da 100 que 200, y no es así.
Excelente artículo que recuerda que, además de lo importante de fíjar la cuerda al suelo, la seguridad también debe de ser planteada con base a la sustitución y medidas de ingenierías más apropiadas que el trabajo en cuerda con sistemas que podemos considerar hoy día rudimentarios e inseguros para las «grandes alturas». Si bien los motores ayudan (y mucho), es inquietante que en sectores energéticos de alto nivel de recurso, el mantenimiento se asigne sistemáticamente a técnicos con las cuerdas, presentando un atraso intolerable hacia sistemas de suspensión más ergonómicos (andamiajes y plataformas elevadoras) y la automatización que ya está disponible. La pretensión frecuente de omitir todo lo anterior en lugares de trabajo vertical de muy alto riesgo y elevada envergadura, es simplemente una gravísima falta de respeto de las empresas que así actúan, hacia la seguridad y la salud de losntrabajadores. Gracias por compartir toda esta información de manera tan puntual y bien organizada, saludos